Madresfera

jueves, 7 de mayo de 2015

Y ASÍ ME CONVERTÍ EN UNA MADRE AZUL

     Nuestra travesía familiar comenzó aproximadamente a los 2 años de haber nacido mi hijo, mi príncipe Moisés. Yo trabajaba en ese momento y al ser primeriza iba pasando por alto muchos hitos de su desarrollo, confundía muchas "Señales de Alerta" con juegos por no estar informada.

      A pesar de la poca referencia sobre como criar un niño o del poco tiempo que el trabajo me dejaba para compartir con mi bebé, tenía como punto de comparación a los niños del vecindario y a medida que crecía se generaban cada vez más preguntas, aún sabiendo que cada niño crece y se desarrolla a su ritmo como mamá sentía que algo no estaba bien.
     Moisés nació a través de una cesárea, fue un embarazo controlado de 38 semanas, perfectamente normal según los doctores. Lloró al nacer, no tuvo falta de oxigeno en ningún momento y su peso y talla estaban dentro de lo normal.. Nació a término.

     Algo despertó mi interés, no soy una experta en el tema pero en los dos semestres que había estudiado Educación Preescolar nos habían hablado del desarrollo del niño de 0 a 5 años y definitivamente lo que veía en mi hijo a continuación estaba reflejado en los libros. 
    Moisés regreso al pañal después de haberlo dejado por unas semanas, comenzó a esconderse detrás de los muebles para hacer popo, me preocupaba mucho que no aprendiera de sus errores, que no tuviese noción del peligro (metió en varias ocasiones los deditos a un ventilador con aspas de metal, se hacia daño y aún así iba directo hacerlo de nuevo, era frustrante ver que no probaba ningún alimento, su menú se basaba en teteros (harinas y leche todo el día). Tenia un vocabulario realmente pobre, no llegaba a 10 palabras de las cuales sólo 3 podían entender personas fuera del grupo familiar y ni hablar de esa inquietud y constante movimiento que nos metía en líos.... Eran muchas preguntas, dudas y lamentablemente ningún pediatra tenía respuestas, ninguno sabía orientarme sobre lo que estaba pasando y peor aún me decían que yo era culpable de que no dejara el pañal, que era mi culpa que siguiera pegado al tetero, que debía dejarlo sin comer todo el día hasta que aceptara un nuevo alimento (el corazón nunca me dió para hacer eso) y además que el niño no hablaba por falta de estímulo... Esas palabras me hicieron poner en duda mi capacidad como madre.

        La idea no es hablar mal de los pediatras, pero a ellos confiamos la salud de nuestros niños y la verdad es realmente preocupante que la mayoría de los pediatras sólo coloquen vacunas, pesen y tallen a los niños sin reconocer los signos tempranos de cualquier condición del neurodesarrollo.
Recorrer casi todos los pediatras de la zona ciertamente no es lo recomendable pero era eso o aceptar que como madre estaba fracasando, al menos así lo sentí, y la verdad es que le doy gracias a Dios por aquella decisión.
Ya les contaré como me fue...

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