Madresfera

sábado, 6 de mayo de 2017

PONIÉNDOME AL DÍA

     Algunos meses sin escribir y tantas cosas por contar...

     Empecemos por el principio, hoy se cumplen 2 años desde que inició #MadresAzules como una forma de compartir mi experiencia y drenar las emociones acumuladas, no fue hasta después de 30 publicaciones que logré un equilibrio emocional, necesitaba hacer algo con esos pensamientos, preguntas y las ganas inmensas de comunicarle a otras mamis que no estaban solas.

     Luego llegó la página de Facebook, le siguió el Instagram y por último el Twitter, así empezamos, de a poquito, al día de hoy haciendo planes para que el Movimiento Madres Azules sea más tangible y pueda ayudar no solo a través de publicaciones sino también brindar apoyo emocional a las familias, porque siempre nos avocamos al bienestar del niño dejando de lado o descuidando al núcleo familiar, a esos padres que deben enfrentarse a la desinformación, discriminación y un manejo no muy acertado al principio, de las emociones.

     En las últimas publicaciones iniciaba un nuevo año escolar y recibí el diagnóstico de mi nena.
Pues bien, el año escolar ha sido terrible, iniciamos con mal pie, pasamos de una escuela a otra.
     Sí, es verdad que el cambio frecuente en las escuelas no les hace bien, pero estar en un ambiente donde no les prestan atención, no se les incluye en las actividades ni se intenta por lo menos la integración aun cuando se le brinda el apoyo familiar y de especialistas, tampoco ayuda. Bien, retomando la historia. Llegamos a la "Escuela A", el primer día de clases, salió muy emocionado, cosa que me llenó de alegría y pregunto a la maestra como le fue, todavía me sorprende recordar aquello: -Yo creo que el niño no se va a adaptar va a retroceder. Lo mejor será que se lo lleve a otra escuela (caí como Condorito). Recibí un balde de agua helada en ese momento, cuando alguien se predispone desde el primer día no hay mucho que hacer.
     Horas después de regresar a casa, Moi empezó a contarme acerca de su primer día de escuela, resultó que la maestra abrió la puerta de su salón y le dijo que podía caminar solo en los alrededores de la escuela para conocerla, sin supervisión. ¿En serio? Han de imaginarse como puede sentirse una madre después de un momento así.
     No reclamé por si se lo preguntan, no suelo reaccionar como debería, pero más adelante les comento sobre ese detalle.

     Nos fuimos entonces a la "Escuela B" que habla de inclusión pero en la práctica se queda corta, otro intento fallido.
     En su primera semana mi peque perdió lápiz y hasta cuadernos sin que nadie respondiera por esto siguieron avanzando los días en los que decidí plantarme en la escuela durante la jornada escolar pues el niño se salía del salón y nadie lo notaba, llegamos al punto en que tres niños de su salón le golpearon y él en su infinita inocencia lo tomó como un juego, ofrecimos talleres, ofrecí colaborar brindando información sobre las actividades que pudieran realizarse en clase con él, pues a pesar de ser de alto funcionamiento necesita estructura y ser dirigido.
    La situación no mejoró en los siguientes meses, en el recreo el niño llegaba con golpes, moretones y raspones a pesar de las reuniones y actas de compromiso que se firmaron.

    Mientras intentaba lidiar con la situación en la "Escuela B", sufrí una caía en la que disloque mi rodilla, vigilar que Moi no saliera de su aula cada vez que la maestra salía dificultaba la recuperación, por lo que dejé de llevarlo a la escuela.
    Cambio de rutina una vez más, rabietas, llanto y frustración a la orden del día, a los dos les afectó mucho. Aunque no son tan frecuentes cada se tornan más intensa las crisis, realmente agotadoras, tanto física como mental y emocionalmente. Hace un par de días Moi tuvo una.

    Ella llora, no, GRITA cuando está en crisis y lo mejor es callar pues en medio de su rabia se avalanza sobre aquel que ose llevar a la contraria a su pensamiento, no entra en razón tan fácilmente. Estiro mis brazos sin decir una sola palabra y luego de unos segundos que parecen eternos viene a mi para recibir un abrazo y mecerse en mis piernas hasta calmarse. 

    Él llora, mientras lanza palabras filosas, de esas que hieren, dice que quiere lastimarnos y romper cosas (sabe que no está permitido) amenaza con hacerlo, lanza golpes, patadas y aunque contener produce una reacción opuesta a la deseada, debemos detenerlo, no encuentro en sus ojos la inocencia que siempre le acompaña, parece transformarse, como un segmento de la película de Hulk, pero mis brazos no pueden darle calma, Papá ayuda, realmente agradezco que esté presente. Ahora solo debemos esperar a que decida ir a su habitación pero la furia no le permite moverse y continua gritando mientras llora y dice que solo quiere estar solo, que nunca lo dejan estar solo. Realmente me parte el alma verlo así y a la vez me desconcierta cuando después de estar en su habitación por 15 minutos sale como si jamás en la vida hubiese ocurrido aquello.
    Esos momentos me alteran mucho, durante días me siento desanimada.

    Me decía una gran amiga que escribiera, que tal vez la forma en que manejo ciertas situaciones pueda ser de utilidad para otras mamis, pero no se que decir, simplemente siento en algunos momentos lo mismo que sienten ellos, hago ruidos cuando cuando estoy contenta, repito incesantemente las canciones que me gustan para reducir los niveles de ansiedad y soy tan temática como ellos.
    Estos últimos años intentando comprender y descifrar a mis hijos, he descubierto en mi mucho de ellos, creo que saben a lo que me refiero, espero en la próxima publicación los resultados de mi evaluación y compartir con ustedes tooodas aquellas particularidades que me llevaron a buscar respuestas.



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